Durante años he sido inmensamente afortunada de utilizar este día como excusa para redactar una carta, recibir unas flores o volver a recordar la belleza de compartir mi felicidad. Hoy lo hago por motivos muy distintos, pero la excusa me sirve igual.

Hoy podría ser un martes más en el que me siento a comer con un grupo de personas que me acoge entre sus tertulias y cartas. Podría ser como cada martes, en el que las historias, los recuerdos y las contradicciones rigen las sobremesas del Espai Social del Raval.  Sería un martes más, si no fuera porque es San Valentín y la agresividad de sus manifestaciones hace que muchas personas se sientan más vulnerables que nunca. Solas, excluidas y más incomprendidas de lo que ya están.

Sería perder el tiempo hablar del consumismo y la anulación de la palabra amor en este festejo, asique exprimiré su lado positivo utilizándolo de nuevo como excusa para mover esas mentes predispuestas a darle una vuelta al día de hoy.   Así, creo que tal vez podría ser una buena ocasión para escribir a alguien que hace tiempo que sabemos que no está bien o que se siente solo. No de la soledad deseada y libre que yo defiendo, sino aquella lenta y amarga que no tiene condición.

Existen mil maneras de alegrarle el día a alguien, al igual que existen mil excusas para no hacerlo. Precisamente por eso, hoy que es el día de las excusas  podríamos pensar en ese alguien que no quiere estar solo, especialmente hoy. Podemos escoger a un amigo, un conocido, un familiar cercano o lejano. También podemos escoger a nuestra propia abuela, o uno de las más de 2 millones de abuelos que viven solos en España.

Si aún así no se te ocurre nadie, puedes adoptar un abuelo en Madrid o venir a comer en compañía en Barcelona.

Que tengáis un dia mágico, es un placer escribir.

 

 

Foto: Patio de la casa del campo de mi abuelo (Santa Cruz, Bolivia)